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La ropa dura menos que la tendencia.

Las redes sociales aceleran el consumo de moda mientras el thrifting emerge como una alternativa sustentable entre los jóvenes de Puebla.

Cada año, millones de prendas terminan en los vertederos mientras la industria del fast fashion continúa acelerando el consumo de ropa impulsado por las redes sociales. En México, donde los jóvenes pasan varias horas al día en plataformas digitales, las tendencias cambian más rápido que nunca y con ellas aumenta la presión por comprar.

Son las 10 de la noche. Tomas tu celular y comienzas a deslizar entre videos de redes sociales. En cuestión de segundos aparecen vestidos, jeans, chamarras y descuentos atractivos. Lo que comienza como una recomendación en redes sociales puede terminar en una compra impulsiva y, poco tiempo después, en una prenda olvidada dentro del clóset.Antes de comprar una prenda, probablemente piensas en el precio, el color o si combina con tu estilo. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar cuál es el proceso detrás de la producción de esa prenda, cuánta agua se necesitó para fabricarla, cuánto tiempo permanecerá en nuestro clóset o qué ocurrirá cuando dejemos de usarla.

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A través de datos, entrevistas, recorridos por bazares de segunda mano y experiencias locales en Puebla, este reportaje explora cómo el fast fashion ha transformado nuestros hábitos de consumo y cómo la moda circular se presenta como una alternativa para reducir su impacto ambiental sin renunciar al estilo y a la tendencia.

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Del feed al clóset

Detrás de cada prenda que compramos existe una historia que rara vez aparece en nuestras pantallas: recursos naturales utilizados para su producción, emisiones de carbono, residuos textiles y una industria que

fabrica ropa a un ritmo cada vez más acelerado para responder a las tendencias de

las redes sociales.

 

Basta con abrir cualquier red social para comprender que la moda ya no sigue el ritmo de las

estaciones del año. Hoy las tendencias aparecen, desaparecen y vuelven a reinventarse en cuestión

de días. Un vestido viral, un conjunto deportivo usado por una influencer o una chamarra

recomendada por un creador de contenido puede convertirse, casi de inmediato, en el siguiente

objeto que millones de personas desean.

Aunque el fast fashion surgió décadas antes de las redes sociales, la lógica de producir ropa

rápidamente encontró en las plataformas digitales un aliado perfecto. Hoy, TikTok, Instagram o

Pinterest aceleran la difusión de tendencias hasta convertirlas en fenómenos globales en cuestión de horas. Las marcas responden con colecciones cada vez más frecuentes para satisfacer una demanda que cambia al ritmo del algoritmo.

 

La consecuencia no es únicamente una mayor oferta de ropa. También cambió la manera en que consumimos. Muchas prendas ya no se compran porque sean necesarias, sino porque responden a una tendencia viral, un evento específico o la necesidad de mostrar un nuevo outfit en redes sociales.

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Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la industria textil genera cerca del 10 % de las emisiones mundiales de carbono, consume aproximadamente 93 mil millones de metros cúbicos de agua al año y produce alrededor del 20 % de las aguas residuales industriales. Estas cifras permiten dimensionar el impacto ambiental que existe detrás de prendas que muchas veces utilizamos solo unas cuantas ocasiones.

No todas las prendas generan el mismo impacto ambiental. Detrás de una camiseta, un pantalón o una chamarra existen diferencias importantes en el consumo de agua, la emisión de gases de efecto invernadero y los recursos utilizados durante su fabricación según el material del que esté hecho. Aunque estos procesos ocurren lejos del consumidor, forman parte de una cadena de producción que comienza mucho antes de que la ropa llegue a tus manos.

                  La rapidez con la que consumimos contenido ha terminado por modificar también la rapidez con la                                         que consumimos moda. En promedio, utilizamos 7% del potencial de vida útil de la ropa;                                                     actualmente, es muy común que las prendas se utilicen unas cuantas veces antes de quedar                                           olvidadas.

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                              La moda está en constante cambio. Sin embargo, lo que pocas veces cambia es la forma en que las                              plataformas digitales nos presentan esas tendencias como oportunidades únicas e irresistibles,                                que no nos podemos perder. Con este escenario en mente surge una pregunta inevitable: ¿realmente                           elegimos lo que compramos o las plataformas digitales también participan en esa decisión?

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Collage de Hauls de influencers

El rol del algoritmo 

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Si alguna vez buscaste una blusa o guardaste un video de un outfit, seguramente notaste que las redes sociales comenzaron a mostrarte contenido de lo que habías buscado y agregado a favoritos. No es casualidad; los algoritmos analizan constantemente nuestras búsquedas, interacciones y el tiempo que permanecemos viendo un contenido. Con esa información construyen recomendaciones cada vez más precisas, haciendo que ciertas prendas aparezcan de forma recurrente hasta generar la sensación de que son indispensables. 

La publicidad tradicional ha dejado de ser el único camino para vender ropa. Hoy, una recomendación de una influencer, un video de "Get Ready With Me" o un reto viral pueden tener más impacto que una campaña publicitaria completa. La ropa ya no solo se vende en las tiendas; también se vende a través de historias, estilos de vida y emociones.

Daniela, dueña de la sucursal poblana “Ropa Mina”, menciona que: “La realidad es que ahorita, con tanta tendencia influenciada por redes sociales, por las mismas personas, la ropa es algo que se ocupa una vez y después dices, no me gustó, ya no me queda, ya no es mi estilo”.

En cuanto a lo digital, “Siempre estamos en redes activos y, en mi caso, trato de hacer como el tipo de colaboraciones con influencers de aquí, poblanas locales”, afirmó Daniela.

Las entrevistas muestran que la influencia de las redes sociales va más allá de la publicidad tradicional. Para varias personas entrevistadas, estrenar una prenda representa satisfacción, seguridad y una forma de expresar su identidad. Sin embargo, también reconocen que esa sensación suele ser temporal y da paso a la búsqueda de una nueva tendencia.

Mientras tanto, los algoritmos continúan aprendiendo. Cada clic, cada video que vimos de nuestro influencer favorito, o incluso uno que acabamos de conocer, las búsquedas y cada contenido visto durante algunos segundos en el feed, ayudan a construir un perfil de consumo cada vez más preciso. Pero si el consumo ocurre en cuestión de segundos, las consecuencias permanecen durante mucho más tiempo del que nos podemos imaginar.

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El precio no solo está en la etiqueta.

Cuando una prenda llega al clóset, la mayor parte de su historia ya ocurrió. Antes de ser doblada en

un estante o colocada en un perchero, atravesó procesos de cultivo o extracción de materias primas,

fabricación de fibras, teñido, confección, transporte y distribución. Cada una de esas etapas dejó una

huella ambiental que difícilmente aparece en la etiqueta.

La industria textil figura entre las actividades manufactureras con mayor impacto ambiental.

Su producción requiere enormes cantidades de agua, energía y materias primas, además

de generar emisiones de carbono y residuos textiles que continúan acumulándose año tras

año.

Ser conscientes del problema es apenas el primer paso. La siguiente pregunta resulta

todavía más interesante: ¿qué ocurre con las prendas cuando dejan de seguir una  tendencia?

¿Existe una alternativa antes de que terminen convertidas en residuos?  La  respuesta comenzó

a aparecer en bazares donde cada prenda encuentra una segunda  oportunidad. 

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Donde unos ven ropa usada, otros encuentran una oportunidad.

Después de conocer el impacto del fast fashion, decidimos salir de la pantalla y recorrer algunos bazares de segunda mano en Puebla. El propósito de las visitas era descubrir si realmente existen alternativas de consumo más sostenibles y cómo funcionan estos espacios que, durante los últimos años, han ganado popularidad entre las juventudes.

A diferencia de una tienda común del centro comercial, en los bazares como Al'paca y second hand, no hay grandes colecciones en tendencia organizadas por temporadas y tallas. En su lugar, los percheros reúnen prendas de diferentes estilos, colores y épocas. Cada pieza tiene una historia distinta y espera encontrar un nuevo dueño que aproveche todo el potencial de su vida útil.

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El ambiente también es diferente. Algunas personas revisan cuidadosamente cada perchero; otras conversan con los vendedores. No parece ser una compra apresurada e impulsiva; se asemeja más a una búsqueda paciente, donde encontrar una prenda especial es parte de la experiencia.

Marina, una madre que compra ropa de segunda mano desde hace quince años, asegura que disfruta buscar entre los montones de ropa: “Es como una búsqueda de joyas, ¿sabes? A mí, por ejemplo, me fascina, o sea, me encanta ver prenda por prenda”.

Durante los recorridos fue posible observar que quienes asisten a estos espacios no pertenecen a un perfil específico. Hay estudiantes universitarios, familias, emprendedores e incluso personas que buscan prendas para personalizarlas o revenderlas. Aunque algunos llegan motivados por el ahorro económico, otros explican que también buscan ayudar a cuidar al planeta Tierra y reducir su impacto ambiental o encontrar piezas únicas que difícilmente hallarían en tiendas convencionales.

En este contexto, la ropa deja de ser un producto desechable; ahora se convierte en un objeto que puede seguir cumpliendo su función mucho después de haber salido del primer clóset. Aquí comienza a tomar forma la economía circular: una prenda deja de entenderse como un producto desechable y se convierte en un recurso capaz de prolongar su vida útil antes de convertirse en un residuo.

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Sin embargo, detrás de estos espacios no solo están los consumidores; también existen personas que impulsan diariamente una forma distinta de entender las tendencias. Carlos y Bren, fundadores del bazar SecondHand, compartieron de dónde viene la inspiración de su emprendimiento:

“Como consecuencia de la sobreproducción, vimos la necesidad de la gente por vender su ropa y extender el ciclo de uso de las prendas, darles una segunda oportunidad”.

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Las voces que cambian la forma de consumir

Detrás de cada bazar hay historias que pocas veces llegan a las redes sociales. Son emprendedores que decidieron apostar por la moda circular y consumidores que encontraron en la ropa de segunda mano una alternativa para expresar su estilo sin seguir alimentando el ciclo del fast fashion. Para quienes impulsan estos proyectos, en muchos casos, la iniciativa surgió después de conocer el impacto ambiental de la industria textil y cuestionar la forma en que consumimos moda.

 Una de las encargadas de RAD Store relata que “mientras estudiaba Diseño Textil, comprendí el impacto de esta industria y decidí convertir esa inquietud en un proyecto de moda circular”.

Además de promover un consumo más responsable, los emprendedores coinciden en que el mayor reto sigue siendo romper los prejuicios. Daniela, fundadora de RopaMina, asegura que "en nuestro país se ve mal el consumo de segunda mano, porque siempre se piensa que está sucio, que está feo, que está botado".

También buscan demostrar que reutilizar ropa puede beneficiar tanto al consumidor como al medio ambiente. Carlos de SecondHand, explica que el proyecto nació "para ser más accesible con los precios", mientras que Dizzi, una vendedora en el bazar de Al´paca, advierte que el verdadero problema es el sobreconsumo impulsado por las tendencias: "Queremos comprar más, consumir más y tener siempre lo último, pero muchas veces esa ropa no tiene una vida larga."

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Quienes administran estos proyectos destacan el valor social que generan. Comprar ropa de segunda mano no solo representa una decisión de consumo diferente; también significa apoyar pequeños negocios locales, fomentar la reutilización y demostrar que el estilo no depende necesariamente de adquirir prendas nuevas.

Las mujeres entrevistadas compartieron un punto en común: muchas comenzaron a comprar ropa de segunda mano por motivos económicos, pero con el tiempo descubrieron otros beneficios, como encontrar prendas únicas, construir un estilo propio y contribuir a reducir el desperdicio textil.

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"Tengo tres hijos, entonces por economía lo hago", explicó una de las entrevistadas. Sin embargo, conforme siguió comprando en bazares, comprendió que la experiencia iba mucho más allá del ahorro.

Varias coincidieron en que aún existen prejuicios alrededor de este tipo de consumo. Marina invita a dejar atrás esas ideas: "Hay que perderle el miedo al paradigma de 'compré de segunda'; mientras la laves, es tuya."

 

Andrea también considera que normalizar esta práctica comienza por hablar de ella con orgullo: "Lo que traigo puesto es ropa de segunda mano; está en perfectas condiciones".

Estas experiencias muestran que la moda circular no implica renunciar al estilo. Más bien propone una manera distinta de relacionarnos con la ropa, donde el valor de una prenda no depende de ser nueva, sino del tiempo que puede seguir siendo utilizada.

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Explora la moda circular en Puebla

La moda circular no es una idea lejana. En Puebla ya existen numerosos bazares, tiendas y proyectos que promueven la reutilización de prendas y ofrecen alternativas al consumo tradicional. Sin embargo, muchas personas desconocen dónde encontrarlos o cómo funcionan.

Con el propósito de facilitar ese primer acercamiento, este reportaje reúne algunos de los principales espacios dedicados a la venta de ropa de segunda mano dentro de la ciudad.

Recorrer estos espacios permitió comprobar que la moda circular no solo se basa en reutilizar ropa, sino que también genera comunidades donde consumidores, emprendedores y creadores de contenido comparten información sobre intercambio de ropa y formas de extender la vida útil de aquello que ya no nos gusta y aún tenemos en casa.

Después de conocer estas alternativas, surge un reto diferente. ¿Qué ocurriría si las decisiones de consumo dependieran únicamente de nosotros? La siguiente experiencia invita al lector a enfrentarse a esa pregunta.

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La ropa de segunda mano no pretende reemplazar a la industria de la moda ni convertirse en la única respuesta frente a la crisis ambiental. Sin embargo, representa una alternativa que demuestra que es posible prolongar el potencial de vida útil en una prenda, apoyar proyectos locales y reducir el impacto asociado al consumo acelerado.

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Más allá del clóset

Después de recorrer este reportaje, probablemente volverás a abrir TikTok o Instagram. Las tendencias seguirán apareciendo en el feed y las promociones continuarán invitándote a comprar algo nuevo.

La diferencia es que, ahora, detrás de cada prenda quizá también veas la historia que antes permanecía oculta. Los millones de metros cúbicos de agua que se utilizaron para fabricarla, la energía necesaria para producirla, las personas que participaron en su confección y las alternativas que existen para prolongar su vida útil.

Durante los recorridos por los bazares y las entrevistas realizadas para este reportaje, una idea se repitió constantemente: consumir de manera diferente comienza por conocer aquello que normalmente no vemos. Como reflexiona Daniela, fundadora de RopaMina:

 

 

 

"Si nos pusiéramos realmente a investigar qué hay detrás de la industria de la moda, tal vez cambiáramos un poquito."

Ese cambio no comienza cuando una marca lanza una nueva colección ni cuando aparece una nueva tendencia en redes sociales. Quizá comience unos segundos antes, justo cuando vuelvas a abrir tu celular y decidas mirar esa prenda con otros ojos.

 

La próxima vez que una tendencia aparezca en tu pantalla, la decisión ya no dependerá del algoritmo.

Dependerá de ti.

Esta investigación no termina aquí.

Te invitamos a seguir explorando el proyecto mediante los recursos interactivos que forman parte de esta experiencia multimedia:

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